Aprender

Lo justo para escuchar con más oído: qué es un opus, cómo se numeran las obras, en qué época se escribieron y qué forma tienen.

Qué es un opus

Opus es la palabra latina para «obra»; su plural es opera. En música designa una obra terminada, con nombre y número, que su autor da por cerrada y entrega al público. Cuando vemos Op. 27 en un título, el número nos dice qué lugar ocupa esa obra en la lista de las que su compositor publicó.

Los números de opus los pusieron primero los editores, en Italia, a comienzos del siglo XVII: servían para ordenar las colecciones impresas de un autor. Arcangelo Corelli fue de los primeros en cuidar esa numeración como un catálogo propio: seis colecciones, del Op. 1 (1681) al Op. 6, publicado en 1714, al año de su muerte. Durante el siglo XVIII, sin embargo, el número dependía a menudo del editor de turno, y una misma obra de Haydn podía salir con números distintos en Viena, en París o en Londres.

Con Beethoven el opus cambia de sentido. Él decide qué merece número: lo reserva para las obras que considera importantes y deja sin él muchas piezas de ocasión, que en el siglo XX se ordenaron como WoO (Werke ohne Opuszahl, «obras sin número de opus»). Su Op. 1, los tres tríos con piano publicados en 1795, es una carta de presentación. A partir de ahí el opus es una declaración artística: Brahms destruyó buena parte de lo que escribió de joven para que su catálogo empezara solo con lo que quería firmar.

Por eso la lista de opus de un compositor se parece a una biografía. Leída en orden muestra cómo cambia su lenguaje, qué géneros abandona y a cuáles vuelve. Pero no siempre coincide con el orden en que compuso. Hay obras tempranas que se publicaron tarde, con números altos; y números que se pusieron después de su muerte, como los opus 66 a 74 de Chopin, que reunió su amigo Julian Fontana. En opus.zip, la ficha de cada compositor ordena su catálogo por número y coloca entre medias, según su año, las obras que no lo tienen, para que se pueda seguir su evolución de principio a fin.

Los catálogos

Muchos compositores no numeraron sus obras, o lo hicieron de forma incompleta. Para ellos, musicólogos posteriores prepararon catálogos temáticos: listas de todas sus obras, identificadas por los primeros compases de cada una. La sigla del catálogo, casi siempre la inicial de su autor, sustituye al opus.

BWV
Bach-Werke-Verzeichnis, de Wolfgang Schmieder (1950), para Johann Sebastian Bach. Va por géneros, no por fechas: las cantatas primero, después la música para órgano, para teclado, para orquesta.
K. o KV
El catálogo de Ludwig von Köchel (1862) para Mozart. Es cronológico, y se ha corregido varias veces: por eso algunas obras tienen dos números.
D.
El de Otto Erich Deutsch (1951) para Schubert, también cronológico. En vida de Schubert solo se publicó una pequeña parte de lo que escribió.
Hob.
El de Anthony van Hoboken (desde 1957) para Haydn, por géneros con números romanos: Hob. I son las sinfonías; Hob. XVI, las sonatas para teclado.
RV
El de Peter Ryom, de los años setenta, para Vivaldi, que solo publicó una parte de su obra con número de opus.
K. y L. en Scarlatti
Las 555 sonatas de Domenico Scarlatti tienen dos catálogos: el de Ralph Kirkpatrick (1953), también abreviado K., y el anterior de Alessandro Longo, L.
WoO y Anh.
Las obras sin opus (Werke ohne Opuszahl) y el apéndice (Anhang), donde van las obras perdidas, dudosas o atribuidas.

Los periodos

Las etiquetas de periodo son una convención: los estilos no cambian de un año para otro y cada compositor vive a caballo de dos épocas. Pero ayudan a orientarse, porque cada periodo tiene sus formas, sus instrumentos y su manera de entender para qué sirve la música.

Renacimiento 1400–1600
Polifonía vocal: misas, motetes y madrigales.
Barroco 1600–1750
Bajo continuo, fugas y conciertos: de Monteverdi a Bach.
Clasicismo 1750–1820
La sonata y la sinfonía: Haydn, Mozart, Beethoven.
Romanticismo 1820–1900
Piano de salón, ópera y grandes orquestas.
Impresionismo 1890–1930
Color, luz y armonías nuevas: Debussy, Ravel, Satie.
Posromanticismo y siglo XX 1890–1945
Mahler, Rachmaninoff, Bartók, Gershwin.

Las formas

La forma es la arquitectura de una obra: cómo se ordenan sus partes y qué espera el oído en cada momento. Conocerla no es necesario para disfrutar, pero permite seguir lo que pasa, y notar cuándo un compositor rompe lo esperado.

Sonata
Obra para uno o dos instrumentos en varios movimientos, casi siempre tres o cuatro. Su primer movimiento suele seguir la «forma sonata»: dos temas que se presentan, se desarrollan y vuelven, con el segundo ya en la tonalidad del primero. Es la arquitectura de fondo del Clasicismo, también en la sinfonía y el cuarteto.
Sinfonía
Una sonata para orquesta. Nace de la obertura italiana a mediados del siglo XVIII; Haydn le da los cuatro movimientos y Beethoven la convierte en el género de mayor ambición, el que medirá a todos los que vienen después.
Concierto
Un solista (o varios) frente a la orquesta, en diálogo y en contraste. En el Barroco, el concierto grosso de Corelli y el concierto para solista de Vivaldi; desde Mozart, sobre todo el concierto para piano y para violín, con su cadencia, el momento en que el solista toca solo.
Cuarteto de cuerda
Dos violines, viola y violonchelo. Haydn lo fijó como conversación entre iguales y se convirtió en el terreno de la música más íntima y experimental: los últimos cuartetos de Beethoven son quizá su ejemplo extremo.
Fuga
Una melodía (el sujeto) que entra sucesivamente en cada voz y se combina consigo misma según reglas de contrapunto. Bach la llevó a su cima en El clave bien temperado y El arte de la fuga.
Suite
Una serie de danzas en la misma tonalidad (allemande, courante, sarabande, giga…), propia del Barroco. Más tarde, una selección de números de un ballet o una ópera para tocarlos en concierto.
Variaciones
Un tema y sus transformaciones sucesivas, que cambian ritmo, armonía o carácter sin perder el hilo: de las Goldberg de Bach a las Diabelli de Beethoven.
Lied
Canción alemana para voz y piano sobre un poema, donde el piano no acompaña sino que comenta. Schubert escribió más de seiscientos; Schumann, Brahms y Wolf lo continuaron.
Ópera
Teatro cantado de principio a fin, nacido en Italia hacia 1600. De ella salen las arias, los coros, las oberturas y los preludios que a menudo se escuchan sueltos.
Estudio
Obra para trabajar una dificultad técnica concreta. Chopin y Liszt lo hicieron música de concierto: cada estudio resuelve un problema y es, a la vez, un poema.
Nocturno, preludio, balada
Las piezas de carácter del Romanticismo para piano: formas breves y libres que dicen un estado de ánimo. El nocturno lo inventó John Field y lo llevó Chopin a su forma más conocida.
Misa y motete
La música de la liturgia. La misa pone en música las partes fijas (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei); el motete, un texto sagrado libre. Son el centro de la polifonía del Renacimiento, de Palestrina a Byrd.

Cómo se lee un título

Sonata para piano n.º 14 en do sostenido menor, Op. 27 n.º 2, «Claro de luna». Cada parte del título cuenta algo. Primero el género y el instrumento. Después el número dentro de ese género: es la decimocuarta sonata para piano de Beethoven. Luego la tonalidad: do sostenido menor, la nota y el modo en torno a los que gira la obra; el modo menor suele sonar más oscuro que el mayor. Al final el número de catálogo: Op. 27 n.º 2 quiere decir que es la segunda de las dos sonatas que Beethoven publicó juntas como opus 27.

El apodo, entre comillas, casi nunca es del compositor. «Claro de luna» se lo puso el crítico Ludwig Rellstab años después de la muerte de Beethoven, y se quedó. Lo mismo pasa con muchas sinfonías de Haydn o con los conciertos de Mozart: son nombres que puso el público para reconocer las obras.

Dentro de la obra, cada movimiento lleva una indicación de tempo en italiano, la lengua franca de la música: Adagio (lento), Andante (al paso), Allegro (rápido y alegre), Presto (muy rápido). Son el primer dato sobre el carácter de lo que va a sonar.